Posteado por: chachipe en: 25 Noviembre, 2006
El gran James Joyce (Dublín, 1882-1941) empleaba símbolos para expresar lo que llamó epifanías’,
la revelación de ciertas cualidades interiores surgidas espontáneamente en nuestro mundo a través de los sentidos. Cuando raramente superamos el mirar para ver, hemos sido cegados por esa luz reveladora. No es mística, no nos ponemos en contacto con la divinidad, pero sí con la verdad. Todos vivimos esos momentos epifánicos irrepetibles que dejan muescas en nuestro camino por la vida. Son momentos eléctricos en el que se sucede el reconocimiento, la comprensión a nivel emocional e intelectual de una verdad, de lo profundo.
Dublineses, imprescindible, es una colección de epifanías en relatos que vienen a representar la parálisis general (política, social, moral, económica) que sufría Dublín a comienzos del siglo XX. Parálisis, corrupción, enfermedad moral reveladas con un simple gesto, con la contemplación de un río desde el puente, con una breve conversación.
Cuando miramos hacia atrás a través del recuerdo, es evidente que nuestra evolución interior está marcada por epifanías. En mi caso, recuerdo los días de la muerte de Lady Di como decisivos en mi visión del mundo. La Princesa de Gales era TODO en aquellos momentos. Los telediarios copaban el 95% de su espacio con retrospectivas, testimonios y análisis “dianalíticos”. En ese momento, mi mundo era el de siempre, una cómoda almohada. Mientras tanto, Teresa de Calcuta, más conocida en los medios como “amiga de Diana Spencer”, agonizaba. Oportuna ocasión para rendirle tributo.
Entonces el mundo-verdad se impuso al mío de esta manera. Quince días después del famoso accidente parisino, la religiosa rumana nos dejaba sin pena ni gloria, la misma que los noticiarios le brindaron. Encontraron un hueco junto a la sección de deportes, cuarenta minutos después de Diana, que ya llevaba dos semanas enterrada. Allí, en la esquinita mediática nos contaban que esta anciana fue visitada por Lady Di meses antes de su muerte, y continuaron con la información deportiva.
Epifanía: el mundo no es una almohada, pero las almohadas son tan cómodas. La farsa en que vivimos, la inversión de las cualidades se presentó en la puerta de mi castillo como una bofetada, y cerró con un portazo el mundo que creía conocer. A partir de ese momento, más que conocer, reconocí la pasta de la que el gran teatro se compone.
Es la primera ves que visito tu blog entre por una casualidad inmensa, buscaba nombre para un poema que escribo y se me ocurrio epifania, lo puse en google para investigar un poco sobre la palabra y me encuentro con esta grata sorpresa dejame felicitarte un espacio bastante interesante.
Sea.
29 Noviembre, 2006 a 9:08 am
La gente no se merece esto gratis.