Posteado por: chachipe en: 9 Junio, 2006

Seguro que os suena quién era Hans Christian Andersen (Odense, 1805-1875). Eso es ,"el de los cuentos". De pequeño también los leí: La sirenita, La princesa y el guisante, El patito feo, La reina de las nieves o Ida y las flores .Claro que, como sabemos, las disfrutamos adaptadas al público infantil, con dibujos (¡¡No!! no voy a hablar de un Andersen sátiro); quiero decir que en estas adaptaciones se opta por un lenguaje más sencillo -con la consiguiente pérdida estilística- y unas tramas complacientes, de finales menos traumáticos que no nos provoquen pesadillas. Por ejemplo, la Sirenita, dominada hoy por la imagen Disney de una adolescente pelirroja felizmente casada con su "fashion-prince", en realidad acaba en el fondo del mar, con el corazón roto y más muerta que otra cosa. Eso sí, llegó a casarse. Porque la sirenita padecía de la misma melancolía que sufrió Hans, la del amor imposible, que se sublima en la más alta renuncia, la de vivir.
Este danés poco agraciado en lo físico (fijaos en la foto), tenía alma de poeta en el sentido de creador de mundos, y, además de los cuentos "de hadas", nos dejó unos valiosos libros de viaje, así como algunas piezas teatrales y poéticas. Siempre reivindicó su "ser poeta" en todas sus obras.
Otros grandes temas presentes en su obra son: el ciclo de la vida, el paso del tiempo, la muerte, el amor no correspondido, las flores, la infancia, la vida del poeta humilde y el cristianismo de base.
Si queremos comprender mejor este universo hemos de empezar por leer su autobiografía: El cuento de mi vida, donde Hans nos revela sus pasiones y sus deseos frustrados concentrados en amores no correspondidos.
Una de las cosas que más me gusta de él es que es una especie de portavoz de los objetos cotidianos. El maestro danés, sumido en el trance del tejedor de historias, fijaba su vista en un simple dedal, y luego en su inseparable aguja. Entonces enhebraba con la pluma sus amores, o sus desencuentros. Me recuerda a otro gran señor de la narrativa breve, el ruso Anton Chéjov (lo recomiendo ya), quien también partía de lo anecdótico del objeto olvidado para construir una historia nada anecdótica.
A día de hoy, llevo leídos aproximadamente la mitad de sus cuentos. Cuando llegue a las más de tres mil páginas que ocupan me pasaré por aquí para celebrarlo.
Concluyo citando su visión del emigrante recién llegado a su Elba particular; por fortuna, todos acabamos siendo oportunos, como es mi caso:
Ser extranjero en una ciudad extranjera es una situación muy ingrata. Nadie se ocupa de uno, o bien, se hace uno inoportuno.
ANDERSEN.
Quién dice